Apolo y marsias mito

Marsyas apolo

Una y otra vez, en la mitología griega, vemos a simples mortales atreverse tontamente a competir con los dioses. A este rasgo humano lo llamamos arrogancia. Por muy bueno que sea un mortal lleno de orgullo en su arte, no puede ganar contra un dios y ni siquiera debería intentarlo. Si el mortal consigue ganar el premio del concurso en sí, habrá poco tiempo para gloriarse de la victoria antes de que la deidad enfurecida se vengue. Por tanto, no debe sorprender que en la historia de Apolo y Marsyas, el dios haga pagar a Marsyas.

Esta dinámica de arrogancia y venganza se repite una y otra vez en la mitología griega. El origen de la araña en la mitología griega proviene de la contienda entre Atenea y Aracne, una mujer mortal que se jactaba de que su habilidad para tejer era mejor que la de la diosa Atenea. Para bajarle los humos, Atenea aceptó un concurso, pero entonces Aracne actuó tan bien como su divina oponente. En respuesta, Atenea la convirtió en una araña (arácnida).

Poco después, una amiga de Aracne e hija de Tántalo, llamada Niobe, presumía de su prole de 14 hijos. Afirmaba que era más afortunada que la madre de Artemisa y Apolo, Leto, que sólo tenía dos. Enfadados, Artemisa y/o Apolo destruyeron a los hijos de Niobe.

Pintura de apolo y marsias

En la mitología griega, el sátiro Marsias (/ˈmɑːrsiəs/; griego: Μαρσύας) es una figura central en dos historias relacionadas con la música: en una, cogió el doble oboe (aulos) que había sido abandonado por Atenea y lo tocó;[1][2] en la otra, desafió a Apolo a un concurso de música y perdió su pellejo y su vida. En la antigüedad, las fuentes literarias suelen destacar la arrogancia de Marsias y la justicia de su castigo.

En una vertiente de la mitografía comparativa moderna, la dominación de Marsias por Apolo se considera un ejemplo de mito que recapitula una supuesta suplantación por el panteón olímpico de una religión «pelasga» anterior de antepasados heroicos y espíritus de la naturaleza. [3] Marsyas era un devoto de la antigua diosa madre Rea/Cibeles, y sus episodios son situados por los mitógrafos en Celaenae (o Kelainai), en Frigia, en la fuente principal del Meandro (el río Menderes en Turquía)[4].

Cuando se le aplicó una genealogía, Marsyas era hijo del «divino» Hyagnis[5][6] Su padre se llamaba Oeagrus[7] u Olimpo[8], o bien se decía que éste era hijo y/o alumno de Marsyas[9].

El desollamiento de marsyaspintura de tiziano

En la mitología griega, el sátiro Marsias (/ˈmɑːrsiəs/; griego: Μαρσύας) es una figura central en dos historias relacionadas con la música: en una, cogió el doble oboe (aulos) que había sido abandonado por Atenea y lo tocó;[1][2] en la otra, desafió a Apolo a un concurso de música y perdió su piel y su vida. En la antigüedad, las fuentes literarias suelen destacar la arrogancia de Marsias y la justicia de su castigo.

En una vertiente de la mitografía comparativa moderna, la dominación de Marsias por Apolo se considera un ejemplo de mito que recapitula una supuesta suplantación por parte del panteón olímpico de una religión «pelasga» anterior de ancestros heroicos y espíritus de la naturaleza de carácter ctónico [3]. [3] Marsyas era un devoto de la antigua diosa madre Rea/Cibeles, y sus episodios son situados por los mitógrafos en Celaenae (o Kelainai), en Frigia, en la fuente principal del Meandro (el río Menderes en Turquía)[4].

Cuando se le aplicó una genealogía, Marsyas era hijo del «divino» Hyagnis[5][6] Su padre se llamaba Oeagrus[7] u Olimpo[8], o bien se decía que éste era hijo y/o alumno de Marsyas[9].

El concurso musical entre apolo y marsias

Según la leyenda, un día un sátiro (criatura mítica mitad hombre y mitad cabra) llamado Marsyas desafió al poderoso dios de la música, Apolo, a un concurso musical. Apolo aceptó el reto, y los concursantes pidieron al dios de la montaña Tmolus y al rey Midas que fueran los jueces. Primero Marsyas tocó una sencilla melodía con su pipa. A continuación, Apolo tocó su lira (o arpa) con gran belleza.

Cuando la música terminó, Tmolus eligió a Apolo como ganador porque pensaba que el sonido de su lira era lo más celestial que había escuchado. El rey Midas eligió al sátiro. Apolo se enfadó y convirtió las orejas de Midas en las de un burro en señal de necedad.

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